dimarts, 12 d’abril de 2016

TRES TREPIDANTES DÍAS POR LAS COMARCAS DEL MASTRAZGO DE TERUEL Y ‘ELS PORTS’ (CASTELLÓN). DÍA PRIMERO

CANTAVIEJA

Establecimos nuestro campamento base en un apartamento rural de Morella. Allí pasamos  las tres noches para poder aprovechar mejor el día y visitar unos lugares que, para nosotros, eran totalmente desconocidos o muy poco conocidos.
Nuestro primer destino del sábado era Cantavieja. Nos habían hablado muy bien del restaurante Balfegón que, además es un hotel de 4 estrellas. Dimos con él nada más entrar en el pueblo. Aparcamos el coche justo delante y nos dispusimos a recorrer su irregular trazado callejero de la parte más antigua que, sin duda, nos llevaría a los lugares más interesantes.

Enseguida nos encontramos con un edificio de nueva construcción que alberga la sede de la Comarca del Maestrazgo turolense con su fachada de piedra, justo en una pequeña rotonda donde un termómetro digital suele marcar las bajas temperaturas que se dan durante los meses más fríos del año. De esta rotonda sale la carretera que va a Fortanete, la joya oculta del Maestrazgo… Pero ya llegaremos a este pueblo.  
Poco después una gran plaza, sin duda el centro neurálgico de la población. I en el centro de la misma una fuente con la vieja, símbolo del pueblo. Desde allí, una calle estrecha y en obras nos llevaría a una plaza porticada, también en obras, la del Cristo Rey, donde está la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo barroco, la sede del ayuntamiento, un elegante edificio del siglo XVI y la casa Bayle de la misma época. Mientras en la fachada del primer edificio se puede ver el escudo del pueblo, en el segundo hay tres escudos heráldicos.
Seguimos recorriendo las calles sin sentido alguno, sólo guiados por la intuición pasando por la plaza Cabrera, indigna muestra de reconocimiento para una figura tan relevante como fue el general carlista que en 1836 estableció allí su cuartel general. Después encontramos otra placeta con unas grandes vistas hacia el este, donde las montañas del sistema Ibérico se elevan hasta alcanzar cotas superiores a los 1.600 metros.  

Seguimos recorriendo sus calles hasta encontrar otra plaza donde destacaba una gran puerta de madera que nos llamó la atención. La puerta estaba abierta y era la entrada al Calvario, donde durante la Semana Santa sin duda había sido uno de los lugares más frecuentados por los habitantes del pueblo y los forasteros que habían decidido ir a pasar unos merecidos días de descanso.
El siguiente punto que nos mereció una especial atención fue la muralla que cierra un de las calles que da al precipicio, sin duda alguna construidas (o al menos restauradas) durante las guerras carlistas para la defensa de la población. Este lugar se denomina el mirador del Portillo y mira hacia el Este. Desde este punto la calle tomaba un sentido descendente. Una vez abajo se tenía una vista increíble de la población, situada sobre una escarpada pared de roca.
Subimos la empinada calle y pasando justo por la parte trasera de la iglesia y decidimos volver a nuestro punto de partida. Sólo nos detuvimos en un antiguo abrevadero que hay en la plaza principal. Había llegado la hora de comer.


Por cierto, Cantavieja forma parte de la red de los Pueblos Más bonitos de España desde el 2014.