dimarts, 16 d’agost de 2016

TRES TREPIDANTES DÍAS POR EL MAESTRAZGO DE TERUEL. CINCTORRES

El restaurante El Faixero de Cinctorres, en la comarca de Els Ports, es uno de los más conocidos de la zona. Hacía años que tenía referencias de él por un párroco de Amposta hijo de aquel pueblo. El nombre del restaurante deriva del oficio más común de la población: el de confeccionar fajas para los labradores (faja=faixa, fajero=faixero). Esta actividad, que alguien puede presuponer que está en desuso, lo cierto es que ha tenido un auge considerable en los últimos años ya que forma parte de la indumentaria tanto de los muixeranguers como de los castellers y también del traje regional. De hecho, nuestra colla castellera Xiqüelos i Xiqüeles del Delta se provee de susodicha prenda en esta población.  


Llegamos justo para sentarnos en la mesa. Guiados por la intuición y los escasos carteles informativos, aparcamos junto a la carretera de La Iglesuela, delante mismo del hotel que tiene el mismo nombre del restaurante. Por lo tanto, el restaurante no podía estar muy lejos. En la recepción del hotel nos indicaron que era el edificio contiguo, al otro lado de la calle. Al pasar por la carretera no habíamos visto el rótulo de entrada, seguramente por habernos fijado en el del hotel, mucho más visible.
El restaurante tiene un amplio salón parcialmente dividido por una pared con amplias aperturas. Nos dieron la posibilidad de elegir entre varios menús y la carta. Optamos por el menú de cuchara con olleta cinctorrana y alubias con perdiz y chuletas a la brasa y manitas de cerdo de segundo. El postre también estaba elaborado en el propio establecimiento. No nos defraudó para nada.
Enfrente de la entrada del restaurante una escultura evoca la figura del fajero. Detrás de la misma, pero dando la espalda a la carretera, la ermita de San Luis Beltrán (siglo XVII) y enseguida la plaza del Pou (pozo), ornamentada con una gran fuente de piedra.


Nos dirigimos hacia el centro de la población pasando por la casa dels Capellans (de los curas) y posteriormente otra con un escudo nobiliario encima de la puerta. Al final de la calle encontramos el edificio del ayuntamiento popularmente conocido como Casa de la Vila (s. XV-XVI), des estilo gótico civil. Próximo a él, el imponente palacio de los Santjoans (s. XV) y de estilo gótico aragonés. Entre estos dos edificios se abre la plaza Vella (vieja). A pocos metros de dicha plaza, en una calle empinada, se encuentra el museo de la Faja.
Rodeamos el palacio de los Santjoans y continuamos por una calle de un nivel más bajo que la mayor parte de la población, donde vimos algunas humildes viviendas muy antiguas com balcones de madera. Luego subimos hacia la plaza Nova (nueva) cuyo principal monumento es la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de estilo barroco (s. XVIII). Llaman la atención sus dos campanarios. Otro elemento a destacar de la plaza es el peirón (o cruz de término) barroco, cuyo original era del siglo XV.


Un callejón junto a la iglesia nos llevó a la carretera después de pasar por una plazoleta. Seguimos el trazado de la carretera y encontramos otra plazoleta con la representación el escudo de la población y desde aquí al aparcamiento donde habíamos dejado el coche.