dissabte, 4 d’agost de 2007

UN RECORRIDO POR LOS RECUERDOS DE LA GUERRA CIVIL

La comarca de la Terra Alta está situada geográficamente al sur de la provincia de Tarragona, limitando por el N con la de Zaragoza, por el O con la de Teruel y por el S y E, con las comarcas catalanas del Baix Ebre y Ribera d’Ebre, respectivamente. En esta zona, donde son abundantes los viñedos, los olivares y los bosques de pinos, entre julio y noviembre de 1938, tuvieron lugar los más duros combates de la llamada Guerra Civil Española. Lejos de pasar página a este triste periodo de la historia reciente de España, se quiere recuperar la memoria histórica para que nunca jamás vuelva a haber un episodio tan cruento. El Consorci per a la Recuperació de la Memòria de la Batalla de l’Ebre (COMEBE) está restaurando una serie de espacios, protagonistas en su tiempo de los combates entre las fuerzas republicanas y franquistas. Una de estas rutas ya es visitable y recorre varios municipios y parajes de la comarca. Aunque uno puede hacerlo por su cuenta, siempre es más aconsejable la compañía de un guía que te vaya explicando con detalle los pormenores de cada uno de los lugares visitados. El recorrido comienza en municipio de Corbera d’Ebre, donde se encuentra el Centro de Acogida “115 días”, que es, precisamente, el tiempo que duró la Batalla del Ebro. Desde allí se sale para visitar las impresionantes ruinas del “pueblo viejo”, también conocido como el Belchite catalán. Una de las curiosidades es que puede hacer el recorrido siguiendo “el alfabeto de la libertad”. Las letras, colocadas en perfecto orden, son esculturas realizadas por varios autores, quizás el más conocido de todos sea Joan Brossa. Al lado de cada escultura se puede leer un texto relativo a lo que el artista ha querido expresar con su obra. La parte del recorrido más impactante se encuentra en el altar mayor de la destruida iglesia de San Pedro. Allí se lee la palabra PAU (paz) junto con varios carteles de todos los países que se encuentran en guerra en la actualidad. Están pintados con letras rojas sobre fondo negro. Rojo de sangre y negro de luto. Finalmente un interrogante simboliza: “¿realmente tenemos paz?”. Una vez finalizada la visita al “pueblo viejo” de Corbera d’Ebre, se sale del municipio cogiendo la carretera de Mora d’Ebre hasta llegar a les Campusines, justo al cruce de la carretera de Ascó, “famoso” por sus centrales nucleares. Junto a la ermita de San Bartolomé, nos encontramos con el Menorial del mismo nombre, alzado en honor a los soldados que cayeron en combate en ambos bandos (inaugurado este mismo año) En este lugar podremos leer en su lengua natal 10 pequeñas biografías (de 5 soldados por bando) Su originen es diverso, mientras 9 son de distintas comunidades de España, el décimo es inglés. Con ello se quiere representar la dimensión que alcanzó la contienda. Este lugar tuvo un interés estratégico, ya que era un nudo importante de comunicaciones y su misión era facilitar el avituallamiento de las tropas del frente. Cogiendo la carretera de la Fatarella, a poca distancia del monumento, al cabo de unos kilómetros, en su lado derecho, llegamos al paraje llamado les Devees. Allí se puede ver un pequeño tramo de trinchera recuperada con un habitáculo excavado en el terreno. El lugar, a parte de ser un control sobre la carretera, era un puesto de retaguardia y descanso de las tropas republicanas. Después nos dirigimos hacia Villalba dels Arcs. Por la carretera observamos varios monumentos erigidos a los combatientes de los dos bandos por sus compañeros supervivientes. Cruzamos el pueblo en dirección a la Pobla de Massaluca. A los pocos minutos, a la izquierda, vemos el paraje de els Barranquets. Allí volvemos a encontrarnos con una zona de trincheras (mayor que la anterior), pero con la novedad de la existencia de pozos de tirador (que era el lugar más avanzado de la línea de fuego) También se han restaurado los barracones de descanso de los soldados, así como los de los mandos (algo mayores y con estanterías excavadas en las paredes para depositar sus objetos personales) y trincheras de evacuación de los heridos y de la tropa en general. Desde este lugar, también dentro de la zona de control de los soldados de la República, se controlaba la antigua carretera de la Pobla de Massaluca, aunque, prácticamente, no entró en combate. Después de comer y degustar los conocidos vinos de la Terra Alta (D.O.), por la tarde, nos dirigimos a uno de los lugares donde los combates tuvieron una mayor intensidad: la sierra de Pàndols y su famosa cuota 705. Para llegar, hemos de dirigirnos hacia Gandesa y desde allí coger la carretera de Tortosa que sale del centro de la villa. Entre curvas, al cabo de unos kilómetros, a la derecha, nos encontramos con una señal que nos indica el Santuario de Nuestra Señora de la Foncalda. Salimos de la carretera y cogemos un camino asfaltado primero y de tierra a los pocos metros que va ascendiendo tortuosamente por la montaña. Una vez en la cumbre, sobre una pequeña explanada, espléndido mirador sobre las montañas y valles, desde donde se ve el rio Ebro y poblaciones como Pinell de Brai y Corbera d’Ebre, se levanta un cubo de piedra, apoyado en uno de sus vértices, con las caras superiores gravadas. Quizás el gravado más significativo sea el de la paloma de la paz dentro de un círculo que representa el sol naciente. El monumento se alzó en honor de los aviadores de la llamada “quinta del biberón” (la del 41) El lugar fue visitado el pasado 25 de julio por el Ministro de Defensa José Bono que rindió homenaje a los que allí murieron en combate. Finalmente nos dirigimos al pueblo del Pinell de Brai, donde finalizará nuestra excursión. Descenderemos hasta llegar nuevamente a la carretera de Gandesa a Tortosa y tomaremos la dirección a esta última ciudad. Al poco rato llegamos a una pequeña rotonda que rodeamos para dirigirnos al Pinell, que divisamos perfectamente. En el centro del pueblo se ha creado el primer centro de interpretación denominado “las voces del frente”, de los varios proyectos existentes. Aquí se explica la importancia que tuvo la propaganda durante la guerra, el papel de la prensa (tanto nacional como extranjera), de los capellanes castrenses por el lado franquista y los comisarios políticos por el republicano y de los diferentes mensajes que se lanzaban entre los dos bandos. También se pueden escuchar las canciones de la época. Pero lo más impresionante es poder entrar en la reproducción de un bunker de mando y escuchar los partes de guerra de los dos ejércitos, junto con la alternancia del sonido de bombas y ametralladoras... El realismo está bastante conseguido, sin omitir detalles como mapas, compases, prismáticos, bombillas con filamento de la época, etc. De momento se realizan dos salidas, parten del mismo punto y a la misma hora, con recorridos inversos. Una es en catalán y la otra en castellano. Ya fuera de la ruta temática es aconsejable visitar las bodegas modernistas del Pinell de Brai y Gandesa obras del arquitecto César Martinell y que pugnan entre sí por ser las catedrales del vino. Pero esto, por si sólo, ya nos daría para otra excursión.