dimarts, 7 d’agost del 2007

EL DELTA DEL EBRO

El Delta del Ebro es un capricho de la naturaleza situado al S de Catalunya. Buena parte del mismo es parque natural de la Generalitat de Catalunya. El río Ebro lo divide en dos partes prácticamente iguales. El lado N, que pertenece a la comarca del Baix Ebre, encontramos las poblaciones de l’Ampolla, Camarles, l’Aldea y Deltebre (compuesto por los núcleos de la Cava, i Jesús i Maria i la urbanización de Riomar) Y en la S (en la comarca del Montsià): Amposta, Sant Carles de la Ràpita, Sant Jaime d’Enveja i los núcleos de Poble Nou del Delta y Balada, els Muntells y la urbanización de Eucaliptos. Su vasto territorio es una encrucijada de carreteras, caminos rurales (pertenecientes a la comunidad de regantes) y acequias que transcurren entre arrozales durante las estaciones de primavera y verano y entre grandes extensiones de tierra sin cultivo en las de otoño e invierno. Para recorrerlo con minuciosidad hay que pasarse varios días ya que las rutas que podemos realizar son numerosas y para ello podemos utilizar varios medios de locomoción, embarcaciones, bicicletas, caballos, obviamente el coche y también a pié. Ahora bien en la primera visita, hay cosas que el visitante no puede dejar de hacer: los paseos en bicicleta para deleitarnos de la flora y la fauna autóctonas; el recorrido en barco recreativo por el río, hasta la mismísima embocadura, allí donde el Mediterráneo y el Ebro se confunden; el paso del río con uno de los tres transbordadores (barcazas) que todavía existen, ¡toda una experiencia!; la visita obligada a los eco museos y, como no, comer en alguno de los restaurantes de comida típica donde degustar los majares propios: angulas, anguilas, ancas de rana, ortigas… y sobre todo el arroz, cocinado de múltiples maneras ¡a cuál de ellas más sabrosa! La ruta elegida en esta ocasión transcurre por el hemidelta S y lo iniciaremos en Amposta. La ciudad, con 20.000 habitantes es la capital de la comarca del Montsià, la más meridional de Catalunya. Llegaremos hasta allí saliendo de la AP-7. Aunque también se puede llegar por la N-340. El tren nos dejará en l’Aldea, a unos 5 Km. Es aconsejable entrar por el puente colgante (ahora mismo en reparación), símbolo de la ciudad y que fue construido entre los años 1915 y 1919. En Amposta podemos hacer la ruta de las casas modernistas (de principios del siglo XX), la mayoría de ellas situadas en la avenida de la Ràpita, la principal arteria comercial de la ciudad; o el recorrido medieval la zona del castillo (s. XII y XIII), de los tiempos en que la ciudad era la capital de la Castellanía de su mismo nombre y gobernado por la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén (junto al puente colgante) y del que todavía quedan algunos restos como las puertas que daban al rio, los fosos y algún resto de las murallas de una época más reciente, concretamente de las guerras carlistas. Y en el otro lado, sólo separado del ayuntamiento (principios del s. XX) por un estrecho callejón, podremos ver la casa Miralles, de estilo medieval. Y a unos 3 Km., en dirección a Tortosa, la torre de la Carrova (s. XII y XIV), al lado de la torre las ruinas de una villa romana. En su término municipal todavía estén otras torres, como la de S. Juan. También el edificio del mercado con las cristaleras obra de Bronson Shaw, reproduciendo la flora y la fauna del Delta. El museo del Montsià (antiguas escuelas de principios del s. XX) dónde se realizan constantes exposiciones. El ayuntamiento y la iglesia arciprestal, consagrada a Nuestra Señora de la Asunción, en la plaza de España, en pleno corazón del barrio de la Vila. También podemos visitar “les cases barates”, declaradas de interés local a la salida de la población partiendo hacia el interior de la comarca y la biblioteca comarcal Sebastià Juan i Arbó, el gran narrador del Delta. Y si nos apetece ir al cine o tomarnos unas copas nos acercaremos hasta la zona lúdica de Tosses, a 1 Km. del casco urbano dirección a Santa Bàrbara. Además de una gran oferta en discotecas, bares musicales y otros locales, podremos contemplar dos imponentes murales obras del pintor Josep Niebla. Para adentrarnos en el Delta saldremos de Amposta en dirección a Sant Jaume d’Enveja. En esta población podremos visitar, si es sábado o domingo, el centro de interpretación de la barraca (construcción típica que, como tantas otras cosas, llegó con los valencianos que vinieron a trabajar el arroz en los inicios de su cultivo) Al salir del municipio continuaremos siguiendo el canal por la orilla derecha y llegaremos a la playa de Migjorn. Además de ser un enclave estratégico para observar las lagunas, el río y el mar, desde un enorme mirador, podremos practicar, si nos apetece, el nudismo en una de las pocas playas vírgenes que todavía existen en el territorio. Volviendo sobre nuestros propios pasos, al llegar a Sant Jaume, cogeremos una de las carreteras que conducen al Poble Nou del Delta. Este núcleo de población pertenece a Amposta y en el año 2006 se cumplieron los 50 años de su fundación. Allí se establecieron colonos venidos de pueblos cercanos y de más allá del Delta para hacerse cargo del cultivo del arroz como arrendatarios de aquellas enormes extensiones. En los últimos tiempos, el Poble Nou, se ha ido adaptando y va dejando atrás los que ha sido tradicionalmente su principal fuente de ingresos, la agricultura, para dedicarse más al sector servicios y más concretamente, el turismo. Dispone de varios alojamientos rurales (llamados aquí “cases de pagès” -7, en 2008-), restaurantes, casas de colonias, camping, etc. y otros servicios como alquiler de bicicletas. En 2007 sé inauguraron dos hoteles de tres estrellas, pequeños pero con mucho encanto. El visitante quedará impactado por la uniformidad de sus construcciones y calles. Todo el pueblo es un inmenso jardín lleno de palmeras. Sin duda nos recordará un poblado del N del África. Siguiendo el Sol de poniente, cogeremos una estrecha carretera que nos conducirá a Sant Carles de la Ràpita. Ante nosotros la sierra del Montsià, que presta su nombre a la comarca y verdadera referencia geográfica que sirve de punto de orientación en todo el Delta para el visitante novel. Sant Carles de la Ràpita fue, en el siglo XVIII la “debilidad” de Carlos III (de ahí su nombre) Todavía hoy podemos encontrar algún vestigio de aquel tiempo como la iglesia inacabada llanada Nueva. Pueblo de tradición marinera, también aquí el turismo ha cogido un auge importante en las últimas décadas. Prueba de ello es la expansión en forma de urbanizaciones que han surgido en su entorno. En la Ràpita (como la llaman los lugareños) se puede degustar una de las mejores y más variadas cocinas marineras de la provincia de Tarragona. Es obligado visitar el casco antiguo (plaza de Carlos III y del Coc), el muelle y la lonja de pescadores, el paseo marítimo y las playas. Para el noctámbulo, la zona de ocio se encuentra situada en el parque de Garbí, lugar histórico porque, en el siglo XVI, muchos de los musulmanes expulsados partieron desde este punto.